Entrevista con Michio Kushi


Entrevista con Michio Kushi
Fecha de la noticia 8/9/2003
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  Como pionero de la Paz Mundial a través de la macrobiótica, el trabajo de Michio Kushi viene desarrollándose desde hace más de 50 años. La macrobiótica busca comprender la interacción entre nosotros y la alimentación que llevamos, el estilo de vida que elegimos y el entorno en el que vivimos. Una dieta macrobiótica consiste en alimentos completos y naturales cuya base esencial consiste en granos de cereal como el arroz integral o el mijo y en una variedad de verduras y legumbres, cosecha de la región.
Michio Kushi ha asesorado a organismos internacionales, como la ONU y la Organización Mundial de la Salud. En 1998, el Museo Nacional de Historia de América le entregó un reconocimiento oficial tanto a él como a su esposa Aveline por su contribución en el desarrollo de un movimiento decisivo hacia hábitos alimenticios más naturales y saludables, educando así a la población mundial sobre los beneficios de la dieta macrobiótica.
Hemos visitado a Michio Kushi en su sede internacional del Instituto Kushi, en el corazón de las montañas de Berkshire, en Massachussets. Nos sentimos afortunados al ser invitados a la comida solemne del Día de Año Nuevo que preparó Kushi personalmente. Tormentas de nieve prolongadas retrasaron nuestra partida y la agenda apretada de él hicieron retrasar nuestra entrevista varias veces. Esto nos permitió, no obstante, adquirir con calma una comprensión profunda de este hombre y su labor. Vestido con su acostumbrado traje con chaleco y dando una impresión pausada y carismática, Michio Kushi nos habló de su filosofía y de cómo surgió, durante la postguerra de Japón, para convertirse en el líder más prolífico del movimiento americano para una salud natural.
Pregunta: ¿Puede contarnos algo sobre su infancia y juventud?
Respuesta: Nací el 17 de mayo de 1926 en Wakayama, en el Japón central. Mis padres eran los dos maestros y me mudaba mucho de sitio durante mi infancia. Cuando tenía 12 años empezó la guerra entre Japón y China y cuando tenía 16 años, Japón entró en la segunda guerra mundial. Mientras estudiaba en la universidad de Tokio, extensas áreas de la ciudad fueron destruidas por los B-29 y la comida empezaba a escasear cada vez más. Cuando se intensificó la guerra se me esbozó un traslado a las islas sureñas de Okinawa. La mitad de mis compañeros de clase murieron cuando el barco se hundió en el trayecto. Yo me quedé en Kyushu residiendo en la estación de Tosu, a una hora de Nagasaki.
El 6 de agosto de 1945, la comunicación con Hiroshima cesó de golpe. Hubo mucha especulación. Más tarde nos enteramos que Hiroshima había sido destruída completamente y tres días después fue bombardeada Nagasaki. Ayudamos a muchas personas heridas que fueron transportadas en tren fuera de Nagasaki.
P.- ¿Cómo cambió usted de soldado a activista por la paz mundial?
R.- Como toda la gente joven, yo no me preocupaba de la muerte, pero después de terminar la guerra, me di cuenta que tenía que continuar viviendo. Mientras estudiaba en la escuela para graduados se me hizo evidente la necesidad de una federación mundial para que nunca más hubiese guerra. Empecé a mantener correspondencia con America’s United World Federalists (Federalistas mundiales unidos de América). Me comunicaron que existía una asociación de gobierno mundial en Tokio. Fui a visitarla y me encontré con mi maestro George Ohsawa (nacido en 1893). Él no hablaba sobre ciencias políticas sino sobre filosofía, vida y Yin y Yang. Vine a América en 1949 para asistir a un congreso de la Federación Mundial. En aquellos tiempos, muy poca gente podía salir de Japón. Afortunadamente, uno de los federalistas mundiales, Norman Cousins, se ofreció como garante. Me animaron a quedarme y entrar en la Universidad de Colombia donde empecé a reunir las ideas de varias personas del Plateau, entre ellas conecté con Thomas Mann, quién concibió un orden mundial armonioso.
Cuando tenía 25 años, empecé a pensar que aun cuando se creara un gobierno mundial, a menos que el ser humano se volviera realmente pacífico, no sería un medio de asegurar la armonía. Se seguiría necesitando leyes estrictas, un ejército y policía, lo cual no sería una paz verdadera. En su lugar tenemos que desarrollar una naturaleza humana más pacífica y amorosa. Es muy fácil hablar sobre fraternidad y paz pero esa clase de cualidad humana tiene que nacer naturalmente y desde dentro. Deseaba recibir consejo de mis Federalistas Mundiales más mayores y visité al Dr. Einstein, Norman Cousins, Thomas Mann y muchos otros. Sin embargo, sus respuestas eran: “No sabemos; no sabemos cómo volver la naturaleza humana pacífica”. Me decían: “Solamente tienes que comprenderte a ti mismo.”
P.- ¿Y encontró la respuesta en la alimentación?
R.- Bueno, dudé si continuar estudiando ciencias políticas. Deseaba conocer lo que era la humanidad y cómo los seres humanos podían volverse pacíficos, y así decidí abandonar mis estudios. Me presentaba todos los días en Times Square. Y desde la mañana hasta la noche observaba a miles y miles de personas. Cada una era diferente. Algunas andaban deprisa, otras despacio; algunas eran altas, otras bajitas, algunas eran rubias, otras morenas. Me preguntaba por qué teníamos dos ojos, dos orejas y una nariz. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos pensamientos y qué es intuición e imaginación? ¿Qué es la memoria? Me preguntaba sobre todas estas cosas mientras veía pasar a la gente… Entonces, (castañetea los dedos) me vino un “flash”: todos los seres, no solamente los humanos, sino también los animales y las plantas, estamos gobernados e influenciados por nuestro entorno, los cambios estacionales y las fuerzas cósmicas. Pensé que si hubiese algunos factores que pudiésemos controlar, podríamos cambiar. Empecé a considerarlos uno a uno descartando aquellos que no podemos controlar: la luz del sol, el aire, etc., hasta que quedó uno solamente. Éste era la comida. La alimentación; podemos controlarla al 90%. Pensé que se podría cambiar al ser humano a través de la alimentación.
P.- ¿La alimentación afecta a nuestros pensamientos y acciones?
R.- Los alimentos no están solamente para sostener el cuerpo. Ellos se convierten en vibraciones a través de la digestión. La energía y las calorías son todas vibraciones que cambian nuestra manera de pensar. Los pensamientos son vibraciones. Así que, si nos alimentamos de una forma, nos volvemos más competitivos, materialistas o agresivos y si lo hacemos de otra manera, podemos volvernos más pacíficos y espirituales, especialmente si esto se mantiene por generaciones. Siguiendo una dieta macrobiótica, la mente se vuelve tranquila y serena.
P.- ¿Cómo nació la macrobiótica?
R.- En efecto, los principios básicos de la Macrobiótica eran conocidos por filósofos y físicos a través de la historia. El modelo actual se desarrolló a partir de las ideas de Sagen Ishizuka (nacido en 1851), un médico del ejército que formuló una teoría dietética para sanar enfermedades. Él adoptó tanto la medicina occidental como las tradiciones orientales. Cuando mi maestro, George Ohsawa era joven, contrajo tuberculosis. Después de leer el libro Shoku You (Alimento nutritivo) de Ishizuka, puso en práctica la dieta y se curó. Ohsawa se hizo discípulo de Ishizuka y extendió la teoría. Él incorporó el concepto de Yin y Yang y lo bautizó con el nombre de “Macrobiótica”, palabra griega que significa longevidad. Mi esposa Aveline era estudiante de George Ohsawa en Tokio. Ella llegó a América aproximadamente dos años y medio más tarde que yo. Con ella formulé mis ideas para establecer una macrobiótica estándar.
P.- ¿Puede explicarnos más sobre el Yin y el Yang?
R.- Todo fenómeno cambia constantemente entre dos tendencias antagónicas o complementarias; expansión-contracción, hacia arriba-hacia abajo, la fuerza ascendente de la tierra y la fuerza descendente del cielo. Todo esto se llama ampliamente Yin y Yang, siendo el fundamento de filosofías orientales. En tiempos antiguos, esto era estudiado por todo líder político, pesador y médico, si no ellos no hubiesen sido capaces de entender la vida. Todas las tradiciones orientales están basadas en esta idea, ya sea desde los arreglos florales hasta el Aikido. También tiene su aplicación en la alimentación. Alimentos tipo Yin, como la fruta o las hortalizas, contienen una fuerza expansiva terrestre. Alimentos tipo Yang, tales como la zanahoria o la bardana, tienen la fuerza celeste que es más contractiva. Tenemos que procurar un buen equilibrio en nuestra dieta.
P.- ¿La Macrobiótica prohíbe el consumo de carne?
R.- En la evolución, los mamíferos están muy cerca de nosotros mientras que los peces están más lejos. Así que si usted quiere comer productos animales sería mejor una pequeña ración de pescado. La macrobiótica no es un marco rígido sino que contempla lo que realmente es necesario para cada persona; uno tiene la libertad de elegir. La macrobiótica ofrece pautas y dentro de éstas se puede comer carne de vez en cuando. Sin embargo, se debería tener en cuenta que la ingestión de carne entorpece la calidad espiritual.
P.- ¿Por qué y cómo acudieron tantos “hippies” a estudiar con usted en los años 60?
En aquellos tiempos daba conferencias en Nueva York pero necesitaba mudarme a Boston, el centro intelectual de América, para poder influenciar realmente. Preveíamos que quizás vendrían estudiantes de Harvard pero en su lugar vinieron algunos hippies de San Francisco. Luego éstos empezaron a llamar a sus amigos. Por el año 1960, varios centenares de hippies se juntaron en Boston. Los hippies eran anti-sistema. Ellos querían un mundo nuevo por lo que mis conferencias y escritos encajaban con sus filosofías. Entonces establecimos un centro de estudios dónde enseñé el masaje de Shiatsu y mi esposa, Aveline, daba clases de cocina. Así empezó todo. Mucha gente tomaba drogas como marihuana y LSD. A fin de parar aquello, les dijimos que el arroz integral y la sopa de mijo colocarían aún más. Las autoridades sospechaban que yo era el cabecilla de una organización de drogas y fui efectivamente vigilado por la policía. El té Mu, que es una bebida macrobiótica hecha de nueve tipos de hierbas, fue analizado bajo sospecha de droga (risas). Ahora suena divertido pero entonces era muy serio.
P.- Usted dice que es importante hacer lo que a uno le gusta. ¿Nos puede dar un consejo?
P.- ¡No venda su vida! Siempre lo digo en mis conferencias. Hoy en día, desde el jardín de infancia se trata siempre de educación, educación, educación y competición. El objetivo es vender su vida al mejor precio. Luego uno empieza a trabajar en una empresa o en el gobierno donde todo gira alrededor de posición y salarios más altos. Todos los días: ¿cuánto?; todas las semanas: ¿cuánto?; todos los meses: ¿cuánto? Está usted vendiendo su vida como cortando a tajadas un pastel de pescado kamaboko. Cada año usted espera vender a un precio más alto. Luego, casi llegando a los 60 años, queda sólo un resto que nadie compra. Así que se jubila… y luego muere. Entretanto, usted ha vendido toda su vida.
¡No venda su vida! ¡haga lo que sea y que realmente quiera hacer! Tiene que obrar como dueño de su vida y así alcanza la libertad. No importa lo difícil que resulte, no importa el poco éxito que prometa, ¡haga todo lo que realmente desea hacer!
P.- ¿Cuál es su meta para el futuro?
R.- Seguir este sueño. En primer lugar, un entendimiento mejor de los alimentos y del medio ambiente animaría al ser humano a evolucionar de forma pacífica y espiritual. En segundo lugar, cambiaría el sistema económico e industrial para usar nuevas tecnologías que no contaminen. Como tercer punto crearía un gobierno mundial y como cuarto punto desearía una raza humana espiritual y que esta civilización espiritual poblara el mundo entero. ¡Esto es mi sueño y en el fondo es su sueño y el sueño de todo ser humano!
P.- ¿Qué significa “michi” (el camino)?
R.- ¡Mi nombre! (se ríe). También es el camino del universo, o el Yin y el Yang. Michi significa interpretar y actuar de esa manera. Sin embargo, de una forma conceptual, pensar que debería hacer esto o lo otro no es nada bueno. En su lugar, los actos y pensamientos correctos deberían surgir de una forma natural. Para que esto ocurra, tenemos que comer bien. En una persona “sana” esta armonía brota sin ningún planteamiento previo, como un acto natural. Esto es michi.
A través de una mayor comprensión del alimento y del medio ambiente animaría a la humanidad a desarrollarse en la paz y espiritualidad… este es mi sueño.

 

Fuente: Revista Natural Otoño 2003

Información extraida de http://www.revistanatural.com/noticia.asp?id=160

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